15/05/2026 - Viernes - Madrugada
Experiencia de escuchar el disco “Salud, Dinero y Amor” de Davus
Experiencia de escuchar el disco “Salud, Dinero y Amor” de Davus
“Saltar la valla”
Esto lo escribo para que vos, que estás leyendo, vayas a escuchar un disco. Esta reseña es honesta y genuina; no habrá trampas literarias ni falsas telarañas discursivas. Lo que sí habrá serán palabras —cruzadas y de las otras—, de las que buscan convencer y apuntan, directo y derecho, a un único objetivo: que escuches Salud, Dinero y Amor, el nuevo disco de Davus.
No es un artista de mi generación, y seguramente de la tuya tampoco. Por eso la insistencia. Hay muchas razones por las cuales te puede interesar: desde los invitados y las referencias, hasta los ritmos y su identidad visual. Pero esa es solo la primera capa, lo que lo vuelve un objeto de interés cultural más allá de lo estrictamente musical. Además, demuestra un conocimiento de causa total a la hora de ponerse a trabajar, algo que ya es de valorar en la era de internet.
La segunda capa es como lo cuenta: el código comunicacional que utiliza y que, quizás, representa la primera valla a saltar. El autotune y la forma de rapear no son amigables para mucha gente que no está acostumbrada a los géneros urbanos como el trap. Hay una forma de decir que puede resultar ajena y generar rechazo. Eso es válido. Pero el desafío, creo, es anteponerse y ver qué hay de bueno en eso que a priori negamos.
Cuando las cosas están bien hechas no hay que tener «necedad estética», parafraseando un concepto de Rubén Olivera. Puede no gustarte, pero no podés decir que está mal o que carece de belleza. Las coordenadas generacionales son innegables y son el resultado de un contexto; sobre gustos está todo escrito y cada época define su propio molde de belleza, de moral y de todo eso que nos conforma como personas (sujetas) en una sociedad.
Ahora bien, quiero convencerte de que escuches un disco. No debería ser tan difícil, pero asumí este desafío e iré hasta las últimas consecuencias.
Lo primero que canta y rapea Davus en el disco es: «Yo con mi voz, usted con la suya». Una cita directa de «Palabras cruzadas», la composición de Jorge Galemire que el rapero samplea para abrir el álbum y bautizar el primer tema. La letra original pertenece a Luis Campos, responsable también de joyas icónicas como «Puedes oírme», «Casa en el desierto» o «Lana Turner», piezas hermosas que Galemire musicalizó en su momento.
Este gesto tiende un puente inapelable entre dos generaciones de la música uruguaya. A través de sus versos, Davus habla del país, de la cultura artística y del complejo derrotero de quien decide ponerse a crear. Es una mirada que actualiza la poética de Montevideo, de la ciudad, y rescata una identidad única bien de acá, una forma de hacer las cosas que quienes se dedican al arte en general, y a la música en particular, conocen muy bien.
El tema se desenvuelve sobre un ritmo de candombe y se potencia con el coro de La Trasnochada, que irrumpe saturando el espacio con la fuerza de la murga. El conjunto coral repite una y otra vez los versos de Galemire, como un mantra, para que quien escuche recuerde con nitidez la obra del maestro. Esa es la bandera que levanta Davus: lograr que la gurizada de hoy conozca y dialogue con lo que fue la gurizada de antes. Al fin y al cabo, Galemire tampoco había llegado a los 30 años cuando le puso música a ese texto.
No se puede desconocer la historia de un género ni el peso de una cultura; Davus lo tiene claro y le habla directamente a Uruguay:
«Algo que admiro es cómo todo te da igual / Tu corazón barnizado con arena y cal / Cuánto mal te hicieron antes, cuánta herida envuelta en sal / Cuántos pájaros pintados hechos trizas en cristal».
El rapero entiende el dolor. Sabe que costó mucho llegar hasta acá, que hay mucha gente que dejó la vida en el camino, y expone la dimensión política que implica sostener las patas de esa mesa que llamamos música uruguaya.
Pero en sus barras también convive otra lectura, una estrictamente actual que desarma esa falsa apariencia de que todo está bien; esa narrativa de que Uruguay es un oasis tranquilo, un país de oportunidades donde nunca pasa nada. Como sabemos, detrás de la fachada los problemas abundan y las formas de procesarlos son complejas. Las crueles cifras de consumo de drogas psiquiátricas y de suicidios son muestras crudas de que las cosas no están bien. Sin embargo, a pesar del peso del entorno, seguimos adelante:
«Sé que el silencio dice mucho aunque se disfrace de paz / El shock estático no grita, pero ojo si lo tocás / Por eso entiendo tu dolor y no juzgo lo que hay detrás».
Y justamente por ser parte de eso que cuenta, la canción que da nombre al disco se vuelve personal, casi una oración. Es, sobre todo, un reconocimiento de su camino, de sus compañeros y la firma definitiva del momento histórico que está viviendo: «Ellos ven la obra, no tras bambalinas / En verdad pasamos más mal que bien / Y aunque te lo diga: ira, ambición y hambre en mi vida es mi guía / 'Salud, dinero, amor' es lo que rezo mientras viva». Además, Davus es consciente de la trascendencia, del esfuerzo, y tiene claros sus objetivos: «Y que to' lo que sufrimo' se duplique en bendicione' / Y que to' lo' sacrificio' se conviertan en millone' / Que al morirnos, para siempre tengan vida las cancione' / Ser la cara del país, como el tango y los tambore'».
Esta exploración colectiva e individual del sufrimiento y de la música uruguaya se refuerza con la participación de Hugo Fattoruso en «Niña Bonita (15)», una pieza que viste al álbum con una musicalidad exquisita. Compuesta en un momento de padecimiento y dedicada a su madre, la melodía de esta canción brilla de manera increíble; tiene una solidez tal que se sostiene sola.Además, se corona con una cita a la versión de «Stairway To Heaven» de Led Zeppelin, realizada por Autobombo, el grupo del Príncipe Gustavo Pena y compañía.
Y esa es, precisamente, otra de las grandes virtudes de Salud, Dinero y Amor: tiene mucha Música, entendida desde su concepción de melodía, armonía y ritmo.
Quienes no tienen la costumbre de escuchar género urbano no suelen esperar este despliegue. El prejuicio sigue instalado en la vuelta y representa otra de las vallas que urge saltar. Hace rato que el trap dejó de ser únicamente bases y autotune; los ejemplos tanto en Argentina como en Uruguay sobran. De hecho, son muy pocas las propuestas artísticas de esta generación que hoy no incluyan una banda completa en vivo. Creo que Ysy A es el único que verdaderamente se la banca solo, aunque mi juicio no es objetivo porque acá estoy deschavando mis gustos personales. Te advertí que esta iba a ser una reseña honesta.
Pero volvamos a Davus, porque lo que propone es sincero y no lo oculta. El tema «Otra vez», con claros tintes futbolísticos, apela directamente a ese tipo de canciones que ya son clásicos indiscutibles de los asados y los fogones: «Cuando juega Uruguay» de Jaime Roos y Raúl Castro, «Descolgando el cielo» del Pitufo Lombardo, o «Cielo de un solo color» de No Te Va Gustar. La musicalidad y la letra se acoplan a este tópico, a este subgénero de la canción popular. Sobre el final, el coro de La Trasnochada apuntala el tema, dejándote el gancho para quedarte tarareando por un buen rato y, quieras o no, mirando de reojo al mundial que se viene («otra vez el ensayo general para la farsa actual, teatro antidisturbios»).
Y la cita a los Redondos no la hago por capricho o por deslizar mis gustos una vez más, sino porque el teatro —a través de la figura del Pierrot— también dialoga con el disco de Davus. La máscara, o el alivio para ocultar el dolor, habita en la canción «Cada vez»: «Lo único que calma este dolor, es cuando canto», y subraya: «el dolor se disfraza en mi voz». Pero también lo expone en «Calíope (La vida es un loop)»: «En mi garganta las penas arriero».
Davus no esconde nada: el disco también es una confesión, un acto de fe, una invitación a salirle a la vida como se pueda y con lo que se tenga a mano. Aparece acá la idea del canto para desentrañar el alma, una herencia tan vieja como las primeras poesías orales que invocaban a las musas y a los dioses para guiar el camino.
La música y la conexión con lo divino es otro elemento presente en el álbum, tanto de manera directa como subliminal. Por un lado está «Alejandro», un pasaje de palabras cristianas y religiosas que hablan de la motivación y de la fe como motor para seguir adelante en la adversidad. Esa voz y esas palabras las dice el padre de Davus, ni más ni menos. Por otro lado hay versos que profundizan en esta idea dentro del tema «Salud, dinero y amor»: «Hay mucho por perder y el tiempo apremia / Aunque Dios pague, no le alcanza a la bohemia». Y concluye: «Demonio' y ángele' en constante choque / Que Dios me cuide, que nunca pierda el enfoque / Que esté conmigo en lo que sea que me toque». En otro pasaje del álbum vuelve este concepto: «Arrastrándome, arrastrándome / Si hay un Dios, que no suelte mi mano / Que mi lucha no sea en vano». Nadie quiere evangelizar; se trata, simplemente, de encontrar las fuerzas para seguir sobreviviendo en este país. Como dice Ángel Faretta, cuando lo sagrado se expulsa por la puerta, vuelve como monstruo por la ventana.
Para cerrar tengo que hablar de amor, de relaciones; de la aventura del encuentro con otra persona, de la pérdida, de volverse a encontrar, y de los finales.
Davus habla a través de la canción de otro: «Quién te viera», de Eduardo Mateo. Este gesto, además de conectar una vez más con la tradición de la Música Popular Uruguaya, también incluye otra obra del maestro: «Mejor me voy». La versión de Davus se posiciona con comodidad entre las lecturas más destacables que se han hecho en esta área, trayendo hacia el futuro la figura y el aura de un cantautor indestructible.
Al fin y al cabo, Davus es el último romántico del trap. Su disco anterior, Sentimental Thug, ya lo demostraba, pero en este álbum lo reafirma con creces en «Tornasol». Guiado por una guitarra acústica, el rapero narra una pequeña historia y, con el verso «ellos son libres y ya le ganaron al mundo», evoca directamente a «Ellos dos» de Alberto «Mandrake» Wolf, otro prócer de nuestra música y artesano de la canción popular.Y en «Centinela» le dedica varios cigarros al cenicero y al objeto del deseo: «¿Por dónde andarás?, piensa el cenicero / Corazones rotos, recuerdos en cajas dentro del ropero». Hay una pluma afilada y melosa que ya se vio en el EP Suave, de 2023, donde a ritmo de afrobeats desenfundó su corazón. Otro de mis favoritos.
Con temas como «Volverás» y «Al final», el artista se habla un poco a sí mismo y un poco a otra persona. Porque el amor también es un reflejo, como las canciones, y las ambivalencias de los sentimientos se filtran por todas partes. Se termina y se empieza en el mismo acto. Lo cíclico sobrevuela todo el álbum y se entrega sin matices para que quien escucha tome partido; para que decida hacia qué lado caer en esa cuerda floja que son la vida y las pasiones.
La invitación está hecha y el desafío está planteado. Esta reseña también llega a su fin, casi con aire murguero, y por eso se transforma en la promesa de volver; una promesa para seguir conversando de música en este diálogo imaginado entre quien escribe y quien lee.
Ahora solo queda ir a escuchar. Sentarse frente a unos buenos parlantes o ponerse los auriculares y dejarse llevar por lo que Davus quiere contar en forma y contenido.
El reto es saltar las vallas que nos impiden disfrutar de la música que está bien hecha, incluso cuando sientas que no te pertenece o que no te representa.
Hay recompensa.
No es un artista de mi generación, y seguramente de la tuya tampoco. Por eso la insistencia. Hay muchas razones por las cuales te puede interesar: desde los invitados y las referencias, hasta los ritmos y su identidad visual. Pero esa es solo la primera capa, lo que lo vuelve un objeto de interés cultural más allá de lo estrictamente musical. Además, demuestra un conocimiento de causa total a la hora de ponerse a trabajar, algo que ya es de valorar en la era de internet.
La segunda capa es como lo cuenta: el código comunicacional que utiliza y que, quizás, representa la primera valla a saltar. El autotune y la forma de rapear no son amigables para mucha gente que no está acostumbrada a los géneros urbanos como el trap. Hay una forma de decir que puede resultar ajena y generar rechazo. Eso es válido. Pero el desafío, creo, es anteponerse y ver qué hay de bueno en eso que a priori negamos.
Cuando las cosas están bien hechas no hay que tener «necedad estética», parafraseando un concepto de Rubén Olivera. Puede no gustarte, pero no podés decir que está mal o que carece de belleza. Las coordenadas generacionales son innegables y son el resultado de un contexto; sobre gustos está todo escrito y cada época define su propio molde de belleza, de moral y de todo eso que nos conforma como personas (sujetas) en una sociedad.
Ahora bien, quiero convencerte de que escuches un disco. No debería ser tan difícil, pero asumí este desafío e iré hasta las últimas consecuencias.
Lo primero que canta y rapea Davus en el disco es: «Yo con mi voz, usted con la suya». Una cita directa de «Palabras cruzadas», la composición de Jorge Galemire que el rapero samplea para abrir el álbum y bautizar el primer tema. La letra original pertenece a Luis Campos, responsable también de joyas icónicas como «Puedes oírme», «Casa en el desierto» o «Lana Turner», piezas hermosas que Galemire musicalizó en su momento.
Este gesto tiende un puente inapelable entre dos generaciones de la música uruguaya. A través de sus versos, Davus habla del país, de la cultura artística y del complejo derrotero de quien decide ponerse a crear. Es una mirada que actualiza la poética de Montevideo, de la ciudad, y rescata una identidad única bien de acá, una forma de hacer las cosas que quienes se dedican al arte en general, y a la música en particular, conocen muy bien.
El tema se desenvuelve sobre un ritmo de candombe y se potencia con el coro de La Trasnochada, que irrumpe saturando el espacio con la fuerza de la murga. El conjunto coral repite una y otra vez los versos de Galemire, como un mantra, para que quien escuche recuerde con nitidez la obra del maestro. Esa es la bandera que levanta Davus: lograr que la gurizada de hoy conozca y dialogue con lo que fue la gurizada de antes. Al fin y al cabo, Galemire tampoco había llegado a los 30 años cuando le puso música a ese texto.
No se puede desconocer la historia de un género ni el peso de una cultura; Davus lo tiene claro y le habla directamente a Uruguay:
«Algo que admiro es cómo todo te da igual / Tu corazón barnizado con arena y cal / Cuánto mal te hicieron antes, cuánta herida envuelta en sal / Cuántos pájaros pintados hechos trizas en cristal».
El rapero entiende el dolor. Sabe que costó mucho llegar hasta acá, que hay mucha gente que dejó la vida en el camino, y expone la dimensión política que implica sostener las patas de esa mesa que llamamos música uruguaya.
Pero en sus barras también convive otra lectura, una estrictamente actual que desarma esa falsa apariencia de que todo está bien; esa narrativa de que Uruguay es un oasis tranquilo, un país de oportunidades donde nunca pasa nada. Como sabemos, detrás de la fachada los problemas abundan y las formas de procesarlos son complejas. Las crueles cifras de consumo de drogas psiquiátricas y de suicidios son muestras crudas de que las cosas no están bien. Sin embargo, a pesar del peso del entorno, seguimos adelante:
«Sé que el silencio dice mucho aunque se disfrace de paz / El shock estático no grita, pero ojo si lo tocás / Por eso entiendo tu dolor y no juzgo lo que hay detrás».
Y justamente por ser parte de eso que cuenta, la canción que da nombre al disco se vuelve personal, casi una oración. Es, sobre todo, un reconocimiento de su camino, de sus compañeros y la firma definitiva del momento histórico que está viviendo: «Ellos ven la obra, no tras bambalinas / En verdad pasamos más mal que bien / Y aunque te lo diga: ira, ambición y hambre en mi vida es mi guía / 'Salud, dinero, amor' es lo que rezo mientras viva». Además, Davus es consciente de la trascendencia, del esfuerzo, y tiene claros sus objetivos: «Y que to' lo que sufrimo' se duplique en bendicione' / Y que to' lo' sacrificio' se conviertan en millone' / Que al morirnos, para siempre tengan vida las cancione' / Ser la cara del país, como el tango y los tambore'».
Esta exploración colectiva e individual del sufrimiento y de la música uruguaya se refuerza con la participación de Hugo Fattoruso en «Niña Bonita (15)», una pieza que viste al álbum con una musicalidad exquisita. Compuesta en un momento de padecimiento y dedicada a su madre, la melodía de esta canción brilla de manera increíble; tiene una solidez tal que se sostiene sola.Además, se corona con una cita a la versión de «Stairway To Heaven» de Led Zeppelin, realizada por Autobombo, el grupo del Príncipe Gustavo Pena y compañía.
Y esa es, precisamente, otra de las grandes virtudes de Salud, Dinero y Amor: tiene mucha Música, entendida desde su concepción de melodía, armonía y ritmo.
Quienes no tienen la costumbre de escuchar género urbano no suelen esperar este despliegue. El prejuicio sigue instalado en la vuelta y representa otra de las vallas que urge saltar. Hace rato que el trap dejó de ser únicamente bases y autotune; los ejemplos tanto en Argentina como en Uruguay sobran. De hecho, son muy pocas las propuestas artísticas de esta generación que hoy no incluyan una banda completa en vivo. Creo que Ysy A es el único que verdaderamente se la banca solo, aunque mi juicio no es objetivo porque acá estoy deschavando mis gustos personales. Te advertí que esta iba a ser una reseña honesta.
Pero volvamos a Davus, porque lo que propone es sincero y no lo oculta. El tema «Otra vez», con claros tintes futbolísticos, apela directamente a ese tipo de canciones que ya son clásicos indiscutibles de los asados y los fogones: «Cuando juega Uruguay» de Jaime Roos y Raúl Castro, «Descolgando el cielo» del Pitufo Lombardo, o «Cielo de un solo color» de No Te Va Gustar. La musicalidad y la letra se acoplan a este tópico, a este subgénero de la canción popular. Sobre el final, el coro de La Trasnochada apuntala el tema, dejándote el gancho para quedarte tarareando por un buen rato y, quieras o no, mirando de reojo al mundial que se viene («otra vez el ensayo general para la farsa actual, teatro antidisturbios»).
Y la cita a los Redondos no la hago por capricho o por deslizar mis gustos una vez más, sino porque el teatro —a través de la figura del Pierrot— también dialoga con el disco de Davus. La máscara, o el alivio para ocultar el dolor, habita en la canción «Cada vez»: «Lo único que calma este dolor, es cuando canto», y subraya: «el dolor se disfraza en mi voz». Pero también lo expone en «Calíope (La vida es un loop)»: «En mi garganta las penas arriero».
Davus no esconde nada: el disco también es una confesión, un acto de fe, una invitación a salirle a la vida como se pueda y con lo que se tenga a mano. Aparece acá la idea del canto para desentrañar el alma, una herencia tan vieja como las primeras poesías orales que invocaban a las musas y a los dioses para guiar el camino.
La música y la conexión con lo divino es otro elemento presente en el álbum, tanto de manera directa como subliminal. Por un lado está «Alejandro», un pasaje de palabras cristianas y religiosas que hablan de la motivación y de la fe como motor para seguir adelante en la adversidad. Esa voz y esas palabras las dice el padre de Davus, ni más ni menos. Por otro lado hay versos que profundizan en esta idea dentro del tema «Salud, dinero y amor»: «Hay mucho por perder y el tiempo apremia / Aunque Dios pague, no le alcanza a la bohemia». Y concluye: «Demonio' y ángele' en constante choque / Que Dios me cuide, que nunca pierda el enfoque / Que esté conmigo en lo que sea que me toque». En otro pasaje del álbum vuelve este concepto: «Arrastrándome, arrastrándome / Si hay un Dios, que no suelte mi mano / Que mi lucha no sea en vano». Nadie quiere evangelizar; se trata, simplemente, de encontrar las fuerzas para seguir sobreviviendo en este país. Como dice Ángel Faretta, cuando lo sagrado se expulsa por la puerta, vuelve como monstruo por la ventana.
Para cerrar tengo que hablar de amor, de relaciones; de la aventura del encuentro con otra persona, de la pérdida, de volverse a encontrar, y de los finales.
Davus habla a través de la canción de otro: «Quién te viera», de Eduardo Mateo. Este gesto, además de conectar una vez más con la tradición de la Música Popular Uruguaya, también incluye otra obra del maestro: «Mejor me voy». La versión de Davus se posiciona con comodidad entre las lecturas más destacables que se han hecho en esta área, trayendo hacia el futuro la figura y el aura de un cantautor indestructible.
Al fin y al cabo, Davus es el último romántico del trap. Su disco anterior, Sentimental Thug, ya lo demostraba, pero en este álbum lo reafirma con creces en «Tornasol». Guiado por una guitarra acústica, el rapero narra una pequeña historia y, con el verso «ellos son libres y ya le ganaron al mundo», evoca directamente a «Ellos dos» de Alberto «Mandrake» Wolf, otro prócer de nuestra música y artesano de la canción popular.Y en «Centinela» le dedica varios cigarros al cenicero y al objeto del deseo: «¿Por dónde andarás?, piensa el cenicero / Corazones rotos, recuerdos en cajas dentro del ropero». Hay una pluma afilada y melosa que ya se vio en el EP Suave, de 2023, donde a ritmo de afrobeats desenfundó su corazón. Otro de mis favoritos.
Con temas como «Volverás» y «Al final», el artista se habla un poco a sí mismo y un poco a otra persona. Porque el amor también es un reflejo, como las canciones, y las ambivalencias de los sentimientos se filtran por todas partes. Se termina y se empieza en el mismo acto. Lo cíclico sobrevuela todo el álbum y se entrega sin matices para que quien escucha tome partido; para que decida hacia qué lado caer en esa cuerda floja que son la vida y las pasiones.
La invitación está hecha y el desafío está planteado. Esta reseña también llega a su fin, casi con aire murguero, y por eso se transforma en la promesa de volver; una promesa para seguir conversando de música en este diálogo imaginado entre quien escribe y quien lee.
Ahora solo queda ir a escuchar. Sentarse frente a unos buenos parlantes o ponerse los auriculares y dejarse llevar por lo que Davus quiere contar en forma y contenido.
El reto es saltar las vallas que nos impiden disfrutar de la música que está bien hecha, incluso cuando sientas que no te pertenece o que no te representa.
Hay recompensa.
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